Detras de cada Gran Hombre hay una Gran mujer

Rolando Iglesias, Apóstol de una mega iglesia de Monterrey NL, y su esposa, viajaban por una carretera interestatal a bordo de su Mercedes Benz Compresor cuando él se percató de que el auto tenía poca gasolina, se salió de la carretera en la siguiente salida y al poco tiempo encontró una deteriorada estación de gasolina con sólo una bomba. Pidió al solitario dependiente que llenara el tanque y verificara el aceite, y luego fue a dar una pequeña caminata alrededor de la estación para estirar las piernas.

Al regresar al auto, advirtió que el dependiente y su esposa sostenían una animada conversación. La charla se suspendió cuando pagó, pero al subirse al auto vio que el dependiente se despedía agitando la mano y decía: ” Fue grandioso platicar contigo “. Al alejarse de la estación, Rolando preguntó a su esposa si conocía al hombre, cosa que de inmediato admitió. Habían asistido juntos al instituto Bíblico y habían sido novios mas de un año.

El se fue de misionero a aquel poblado y trabajaba en la estación para sostener su ministerio.

Mira que tuviste suerte de que llegara yo – presumió Rolando – . Si te hubieras casado con él serías la esposa de un misionerito que trabaja de dependiente de una estación de gasolina en lugar de ser la esposa de EL Apóstol de una de las mega iglesias mas grandes de Monterrey.

Querido -respondió la esposa- , si yo me hubiera casado con él, él sería el Apóstol y tú serías el misionerito que trabaja como dependiente para sustentar su ministerio.

Olvidas que quien te heredo el ministerio fue mi padre?